Tito 1.6 “el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía.”
El matrimonio del pastor no es diferente, en esencia, a cualquier otro. Enfrentamos los mismos desafíos. La particularidad del matrimonio del pastor consiste en que tiene presiones mayores que los demás, pues le toca lidiar con las presiones propias de estar al frente y dirigir una Iglesia, compuesta por personas que tienen sus luchas personales y necesitan apoyo, consuelo, acompañamiento. Otra particularidad son las series de eventos y compromisos que la obra del Señor presenta. Además del tiempo que se da a la preparación de sermones, emergencias ministeriales inesperadas, la dirección y coordinación del engranaje ministerial para optimizar su funcionamiento.
Todas esas exigencias, necesidades y compromisos, a los cuales añadimos el uso de la tecnología (celulares, Tablet, laptop, PC, TV), nos demandan tiempo y comprometen la calidad del tiempo que ofrecemos a nuestras esposas e hijos. Ante todo eso, es de suma importancia que la esposa del pastor pueda comprender y asimilar un sano entendimiento de las implicaciones de ser “la ayuda idónea del pastor”; y el pastor debe aprender a poner límites claros en su ministerio, a administrar con sabiduría su tiempo y a establecer con firmeza el orden de prioridades en su vida.
El pastor debe comprender que después de Dios, su prioridad es su esposa, luego sus hijos y padres, en tercer lugar, la Iglesia o ministerio, después el estudio o trabajo secular. Si aprendemos a ajustar nuestras vidas a estas prioridades nos ahorraríamos una serie de dificultades matrimoniales.
La familia del pastor se convierte en el flanco más frágil que el enemigo de nuestras almas se empeña en atacar y destruir. Lamentablemente muchos miembros de nuestras Iglesias son los instrumentos de destrucción que el diablo utiliza. La esposa del pastor, como “vaso más frágil”, es golpeada rudamente, y como María, la madre de Jesús, guarda en su corazón muchas cosas que en realidad dañan su salud física, emocional y espiritual. Quiéralo o no, la esposa es la compañera de milicia y comparte con su esposo el ministerio. El pastor, como hombre y esposo, debe ser el protector de la vida emocional y física de su esposa. De esta forma, cuida y protege su matrimonio. Un alto porcentaje de matrimonios ministeriales viven en depresión, distanciamiento, separación de cuerpos y hasta divorcio. El matrimonio debe ser valorado como un regalo de Dios.
Para la mejor obtención de resultados ministeriales, los pastores y sus esposas deben aprender a trabajar en equipo, a ajustarse en el manejo del tiempo, a servir en unidad, a mejorar su comunicación y a disminuir su telepatía o sobre entendimiento de las cosas (Yo pensé que ella sabía). Sería importante que la esposa del pastor se involucrara con su esposo en la consejería espiritual y matrimonial, cuando se atienden damas o matrimonios. Si hace falta formación o capacitación, esa se puede obtener.
Las grandes exigencias del ministerio y de las personas que conforman la Iglesia obligan a tener tiempos de descanso familiar y de compartir conyugal. En la Biblia encontramos que hay un día de descanso semanal. ¡Qué difícil es conseguirlo! El matrimonio necesita tener tiempo de esparcimiento y disfrute.
Debe haber un tiempo familiar, pero debe existir un tiempo exclusivo para la pareja. La adversidad económica que vive Venezuela en los tres últimos lustros se ha convertido en un enemigo del esparcimiento, de las vacaciones y del tiempo de disfrute de cualquier familia. Así qué toca enfrentar ese gigante, tomar las acciones pertinentes y confiar en la milagrosa provisión de Dios. Los pastores deben procurar un día de descanso a la semana, un día especial de diversión o esparcimiento al mes, como mínimo, y unas vacaciones al año. En realidad, por trabajar con personas y sus demandas e incomprensiones, se deberían tener dos períodos equidistantes en el año de vacaciones, apartados de todo trabajo ministerial, especialmente de la consejería. Las Iglesias demandan, exigen y generalmente no comprenden está parte. Los pastores pueden desarrollar el complejo de “Superman” y no querer tomar vacaciones en perjuicio de su salud y bienestar personal y familiar. Como dijo alguien. “A veces lo más espiritual que podemos hacer es descansar”. Tu esposa y familia te lo agradecerán. Lo ideal sería vacacionar lejos del lugar de trabajo.
El pastor, como protector de su esposa, debe esforzarse en proteger su matrimonio, en ser fiel a su cónyuge. La fidelidad matrimonial es producto de una buena relación con Dios, y de un genuino amor al cónyuge (1ª Cor.13:4-7). Amor que debe ser alimentado, cultivado y fortalecido a diario. Una fuerte valoración del compromiso asumido y de la convicción de respeto y cuidado hacia el otro contribuye a la fidelidad. La fidelidad conyugal exige renuncias y sacrificios, Gal.5:24, no andar en compañía o en lugares comprometedores.
Las tentaciones existen a diario y en casi todo lugar. Se pueden anidar en nuestra mente y corromper todo nuestro ser, llevándonos al pecado, a la afectación de la relación matrimonial, a la pérdida del respeto familiar e incluso a la pérdida del ministerio (Pr.6:32-33; Mt.5:27-28; 2ª Cor.10:5). Corresponde entonces, renovar constantemente nuestra decisión de amar en toda circunstancia, de dar el lugar correcto al cónyuge, de priorizar la relación matrimonial y vivir en sintonía y dependencia del Señor. (Gal.5:24). La esposa del pastor debe sentirse segura, confiada y protegida por los brazos, amor, actitudes, palabras y compromiso de su esposo.
Recuerda 1ª Tim.3:1-6 “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. 2 Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; 3 no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; 4 que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad, 5 (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); 6 no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.”
Autor: Rev. Juan Antonio Guédez Corti, pastor de la Primera Iglesia Bautista de Barquisimeto.